martes, 5 de julio de 2011

Sé que es una frase muy trillada, pero... ¿por qué siempre son los buenos los que antes se van?
Dejan, sin que apenas nos demos cuenta, una huella profundísima, un recuerdo imborrable.  Pero...

...las circunstancias, la cabeza, ¿el vacío?, lo bloquean todo.

Da la sensación de que todas las gotas de dolor, pena y tristeza se gastaron hace tiempo.  ¿Es que se puede, realmente, ser de piedra?

Pero hasta las piedras lloran... y de sus lágrimas surgen cuevas imposibles que, con el paso del tiempo, nos maravillan a todos con sus increíbles formas, colores...  Esto, realmente, me da esperanza, ya que pienso que, en realidad, gota a gota, mi persona, mi carácter... mi sentimiento... mi cueva... se está forjando para, más adelante, mostrar todo su esplendor a quien quiera descubrirla...

Pero, por el momento, silencio.  No hay mucho más.  Sólo un "bulto" de algo menos de metro ochenta que se limita a escuchar las infinitas bondades de quien ya no está, los momentos desaprovechados, las oportunidades perdidas... nuestras "maldades"...  Palabras, muchas ellas, dichas sin intención, sin pensar... pero que llegan hasta la médula y duelen (¿acaso las piedras sienten?).

Aún así, hay que guardarlas.  Hay que comprender, hay que acompañar...

¿Será suficiente con esto?

No lo sé.

¿Acabará siendo la cueva un volcán latente?

Tampoco lo sé.

Tiempo al tiempo.  No se puede decir más.

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