Aun cuando durante aquellos dos días de espera no dudé un instante de que mi
amiga cumpliría su palabra, no dejé de estar el último día muy agitado e incierto; jamás
en toda mi vida he esperado con mayor impaciencia la noche de ningún día. Y conforme
se me iba haciendo insoportable la tensión y la impaciencia, me producía al mismo
tiempo un maravilloso bienestar; hermoso sobre toda ponderación, y nuevo fue para mi,
el desencantado, que desde hacía mucho tiempo no había aguardado nada, no se había
alegrado por nada, maravilloso fue correr de un lado para otro este día entero, lleno de
inquietud, de miedo y de violencia y expectante ansiedad, imaginarme por anticipado el
encuentro, la conversación, los sucesos de la noche, afeitarme con este fin y vestirme
(con cuidado especial, camisa nueva, corbata nueva, cordones nuevos en los zapatos).
Fuese quien quisiera esta muchachita inteligente y misteriosa, fuera cualquiera el modo
de haber llegado a esta relación conmigo, me era igual; ella estaba allí, el milagro se
había realizado de que yo hubiera encontrado una persona y un interés en la vida.
Importante era sólo que esto continuara, que yo me entregase a esta atracción, siguiera
a esta estrella.
...¿lo último que se pierde?
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