lunes, 11 de julio de 2011

...esperanza...

Aun cuando durante aquellos dos días de espera no dudé un instante de que mi

amiga cumpliría su palabra, no dejé de estar el último día muy agitado e incierto; jamás

en toda mi vida he esperado con mayor impaciencia la noche de ningún día. Y conforme

se me iba haciendo insoportable la tensión y la impaciencia, me producía al mismo

tiempo un maravilloso bienestar; hermoso sobre toda ponderación, y nuevo fue para mi,

el desencantado, que desde hacía mucho tiempo no había aguardado nada, no se había

alegrado por nada, maravilloso fue correr de un lado para otro este día entero, lleno de

inquietud, de miedo y de violencia y expectante ansiedad, imaginarme por anticipado el

encuentro, la conversación, los sucesos de la noche, afeitarme con este fin y vestirme

(con cuidado especial, camisa nueva, corbata nueva, cordones nuevos en los zapatos).

Fuese quien quisiera esta muchachita inteligente y misteriosa, fuera cualquiera el modo

de haber llegado a esta relación conmigo, me era igual; ella estaba allí, el milagro se

había realizado de que yo hubiera encontrado una persona y un interés en la vida.

Importante era sólo que esto continuara, que yo me entregase a esta atracción, siguiera

a esta estrella.


...¿lo último que se pierde?

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