miércoles, 4 de abril de 2012

SOLO en casa

Nada tiene esto que ver con la famosa comedia.

De hecho... de comedia no tiene nada.

Y es que uno no se da cuenta de lo que tiene... y lo que tenía... hasta que, de pronto, se encuentra con días enteros sin apenas nada que hacer, más que pensar.

Al principio la sensación es de calma, de "libertad"... para actuar, para moverse, para decidir...  Pasan las horas (no necesariamente muchas) y esa calma, esa "libertad", se convierten en desazón, desasosiego, tedio... añoranza, desesperanza, desilusión...

La inocencia y el nervio por el "a ver cuándo me dejan a mi aire, para hacer lo que me dé la gana y poder estar con quien yo quiera, donde quiera y cuando quiera" pasan a transformarse en algo así como "...cuánto echo en falta esto, aquello... lo otro... a esta persona... a esta otra...".

El deseo de recuperar esa inocencia, ese nervio... se hace insoportable por momentos.

¿Va a ser así siempre?  ¿Volverán algún día?  ¿Aparecerán otras nuevas?  Personas... sensaciones...  ¿Vendrán de paso?  ¿Se quedarán?

...a saber.

Admiro la fuerza de aquellos capaces de llevar una "vida retirada", en la que pueden meditar sobre los grandes temas de la humanidad y alcanzar la plenitud espiritual, moral e intelectual.  Pero no soy más que un "cualquiera", que se desdibuja con las mayores nimiedades del mundo.

Pero...

...esas mismas "nimiedades" ocupan y preocupan a muchos.  Han sido responsables de muchas bondades y maldades a lo largo del tiempo.

Quizás no sean cuestiones tan ligeras.

Quizás esos "venerables" no lo sean tanto.

O quizás yo no sea menos que ellos.

...¿quién sabe?...

Mientras tanto... seguiré... SOLO.