Para bien... para mal... antes o después... pero siempre terminan.
Pasamos años compartiendo experiencias, sensaciones, emociones... momentos dignos de ser recordados y atesorados.
Con personas que podríamos considerar casi de nuestra propia familia. O que, de alguna forma, incluso han llegado a serlo...
Pero la ilusión, la emoción, la alegría... van cambiando... hasta desaparecer o hasta convertirse en desesperanza, resignación, pena...
Y es que, al final, las circunstancias son las que mandan.
Nos obligan a tomar decisiones, duras y complicadas muchas veces. ¿Pero quién dijo que la vida era fácil? Nadie. Nos obligan a, por nuestro bien, por nuestra propia salud mental, dejar de pensar en los demás, en el "bien común", y empezar a ser un poco más egoistas.
Como digo, los ciclos acaban. Eso me ha quedado muy claro. Pero otra cosa es también muy cierta: los ciclos EMPIEZAN.
Bienvenido a un nuevo ciclo.